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Muchos de los
instrumentos, -ingenios, enseres, utensilios, efectos, artefactos,
útiles, aparejos, aperos, arreos, trastos, muebles,- que fueron usados
por los naturales de la comarca han pasado ya a mejor vida, bien por la
modernización y mecanización de las labores o trabajos para los que eran
empleados o por la misma desaparición de aquella labor para la que fueron
diseñados.
Muchos de esos aparatos son verdaderas obras de arte e ingenio. En su
mayoría son de construcción artesana efectuada por los mismos artesanos
que se dedicaban a tales menesteres o por los mismos usuarios, que así
aplicaban el instrumento a cada necesidad específica.
Por su elaboración y prestancia, muchas de
ellas ya son obras de arte por si mismas. Otras por la función a la que
ayudan a hacer, han marcado un antes y un después en los usos y costumbres
de los trabajadores.
Los materiales de los que están fabricados, los motivos que los adornan,
también nos dicen "quien" era su dueño. La misma evolución del modelo
significa el avance o los cambios de modos de vida y trabajo de una
determinada área geográfica, a veces poco definida por otros limites más
artificiales.
Muchas de estas piezas han pasado a engrosar fondos de museos, colecciones
etnográficas públicas o privadas, donde se trata de explicar sus usos y
funcionamiento. Las mayoría de
las piezas más bellas y atractivas ya han desaparecido, gracias a la
actividad de anticuarios y/o cacharreros y como no, también a la gran
facilidad que se tiene por estos lugares de desprenderse de lo "viejo",
aunque sea por cuatro gordas. Muchas veces se han preguntado estas gentes
humildes, ¿como es posible que alguien pueda pagar algunas monedas por
cosas tan simples y viejas?.
Gracias algunas iniciativas particulares, sensibilizados con la posible
perdida de todo este patrimonio, han ido reuniendo un gran número de
piezas que conforman verdaderos museos. El cariño con que restauran dichas
piezas, cómo están expuestas y el mimo que reciben, demuestran unos
sentimientos hacia la cultura popular que es de agradecer y que las
autoridades deberían fomentar.
Desde aquí apoyamos, sin reparos, esta
labor; ya que supone recuperar o guardar un patrimonio que de otra forma
iría a parar al fuego, a la intemperie, o en el mejor de los casos, en
manos de anticuarios o particulares que nada tienen que ver con el lugar
donde se han desarrollado y para lo que fueron concebidos.
En casa de SEVERINO hijo,
podréis ver algunos de estos pertrechos que ha ido recuperando y
guardando. |